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Lugar: Madrid, Villanueva de la cañada, Spain

16.11.04

Estamos en Guerra



Nunca he tomado demasiado en serio las diferentes interpretaciones del lenguaje críptico y farragoso de profetas antiguos como Nostradamus, precisamente porque lo rebuscado de sus escritos permite cualquier interpretación y la contraria al mismo tiempo y basándose en el mismo párrafo, pero, eso si, parece que todos los estudiosos y analistas del enigmático oráculo coinciden en que acertó, entre otras cosas, al anunciar que la tercera y más terrible guerra mundial tendría su origen en la religión.

Pues en esas estamos, lamentablemente, en esas estamos. La pregunta del millón es cómo hemos llegado a esta situación.

El caso es que por intereses económicos – maldito petróleo -, geoestratégicos, políticos en sentido puro (todo lo puro como pueda llegar a ser un interés político desligado del beneficio económico)… el mundo occidental se ha dado de bruces con una realidad que se viene forjando desde hace siglos y que persigue su destrucción.
Como un cáncer, en el seno del mundo árabe se ha desarrollado de forma incontrolada la interpretación más radical de una religión que, manipulada por sus más fanáticos dirigentes, predica el odio, la venganza sobre las cruzadas; ¡en serio, sobre las cruzadas!, ¡que quiere recuperar Alándalus!... que promete a sus fieles un paraíso jóvenes vírgenes dispuestas a ponerles como una moto y todo el vino y el “jalufo 5 jotas” que puedan trasegar eternamente. (a los hombres solo, ¿se dan cuenta?)

Para alcanzar semejante sueño es necesario ser un mártir de la causa, causa que no es otra que la Guerra Santa, y es más mártir el que mayor número de infieles se lleve por delante. Lamentablemente yo soy un infiel, y mi familia, y mis amigos, y mi mundo…

Y ¿qué hacen los políticos del mundo occidental mientras? Es más ¿qué hace el gobierno de mi país para luchar contra esto?. Esos políticos han sido elegidos para defender nuestros intereses, nuestra forma de vida los logros que, a lo largo de la historia se han ido consiguiendo… ¿qué narices hacen?

Atención que el asunto es muy serio; los únicos intereses que defienden son los suyos, la forma de vida que protegen es la suya, pagada por todos nosotros, y esto no se soluciona con sonrisas de payaso feo y mucho menos con las componendas con partidos minoritarios “nacionalistas” que, en el fondo mantienen demasiadas coincidencias filosóficas con los planteamientos radicales a que nos referíamos líneas arriba.

Estos pactos y componendas solo persiguen un objetivo: la continuidad en el poder, pero no para tener tiempo de solucionar los grandes temas de estado, no es eso, no es eso; se trata de chupar del bote lo más posible, echándole la culpa de los errores a cualquiera y, si la cosa va mal: mucha demagogia, poca eficacia (no vaya a ser que terminemos el trabajo antes de tiempo y se nos vea el plumero, mire usted), que parezca que nos estamos dejando los cuernos, y el que venga detrás que arree.

En occidente nos la cogemos con papel de fumar, hemos inventado el término “políticamente correcto” que se ha convertido, inmediatamente, en el bálsamo de Fierabrás para justificar nuestros miedos… ¿cómo vamos a decir algo sobre la inmigración y sobre todo de la inmigración árabe?, enseguida aparece un iluminado que te llama fascista o algo peor desde posiciones de intransigencia descarada, así que no se dice porque no es “políticamente correcto” y a otra cosa mariposa.

En occidente intentamos imponer, por otra parte, nuestra forma de entender la convivencia con términos como democracia o libertad, términos que el mundo árabe no entiende porque, por más que nos pese, no existen en su idioma y lo que no se habla no se entiende y lo que no se entiende se demoniza.

Mientras tanto los marroquíes nos inundan – con el beneplácito y, en muchas ocasiones, el apoyo explícito de su gobierno- de delincuencia, de drogas, de mafia, de inseguridad… etc. y nosotros, mientras, con más miedo que vergüenza, facilitándoles la construcción de mezquitas donde sus imanes les enseñan cómo pegar a una mujer sin dejar huella; en su país no importa que la mujer vaya marcada. Nuestra ministra, por el contrario, impone que enseñe esa doctrina en nuestros colegios - hay que demostrar hasta qué punto se es progresista-. ¿Me quieren contar cuántas iglesias hay en Jedah?

Son dos varas de medir, aquí utilizamos el “talante” y allí la vara de verdad. Vamos a ver: para ir a Arabia “inaudita” como Alá manda es necesario estar “de la Ceca a la Meca” de embajada en embajada durante meses para conseguir los permisos y visados necesarios, si prefieres ir ilegalmente te juegas la vida, pero de verdad. Si, al llegar, robas una sandía; te meten en un agujero en el suelo lleno de mierda, y, después, te cortan una mano, y tan panchos.

Si un árabe, que ha entrado en España por sus santas pelotas sin más trámite que su cara dura, roba en unas cuantas joyerías, mata a un par de amiguetes, extorsiona a los chinos – tan ilegales como él- que viven en su barrio, atraca aun par de cientos de turistas japoneses, sodomiza a unos cuantos menores, maltrata a varias mujeres, trafica con droga, se le ha detenido y puesto en libertad entre cuarenta y cincuenta veces, y otras cuantas lindezas más, de repente - seguro que por algún error judicial - entra en prisión… esto ya es jauja: le mantenemos, le damos seguridad, formación, “rehabilitación”… etc. Y no nos damos cuenta de que, en el “trullo” no solamente sigue haciendo lo mismo, sino que, además, ha organizado una red con algunos “coleguillas” que van a hacerle mucho más peligroso cuando salga, totalmente “recuperado” (tres comidas diarias) para la sociedad, esa que tiene el santo deber de destruir. Solución de nuestro gobierno: ¡Que vengan todos que les damos papeles, pasaporte europeo. Algo tendrán que decir en Bruselas ¿no?

Conclusión: Somos gilipollas.