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Lugar: Madrid, Villanueva de la cañada, Spain

21.2.05

Jose Luis Rodríguez Iscariote, o el peso de una peana



Toda la maquinaria mediática del PSOE, con todo el inmenso soporte de D. Jesús del Gran Poder, a quien, por cierto, ya le van a regalar lo poco que le quedaba por tener – Ya verán como van a limitar la publicidad en TVE, aunque palme más pasta, para que “Il capo” gane algo más de dinero el pobrecito-, bueno, pues toda esa maquinaria se ha puesto en marcha para demostrar cómo, jamás de los “jamásemenes”, España ha mostrado un apoyo tan oceánico a un partido político.

La puñetera realidad es muy otra:

Por un lado Rodríguez nos ha metido en esta vaina del referéndum únicamente para legitimarse a sí mismo y a su gobierno –tan consciente es de la forma torticera en que accedieron al poder - y, de esa manera, con ese manipulado soporte popular, justificar la avalancha de mangoneos que tienen previstos en los próximos años.

Por otro lado los datos son los datos: A pesar de que unas horas antes y con evidente intención manipuladora el gobierno filtraba que “considerarían un éxito un 35% de participación”, la realidad es que los dos grandes partidos han pedido el si y la suma de las bases electorales de ambos ronda los 21 millones de votantes, pues bien, ni por esas: no han conseguido más que un exiguo 42% de participación, con un dato muy significativo: el 6% en blanco. Un dato atronador. Un porcentaje alto (17,7%) ha dicho que no. En resumen: solo el 31% de los españoles con derecho a voto han apoyado el proyecto de beatificación de Rodríguez Iscariote. A pesar de ello se está echando tanto incienso que se va a ahogar el muchacho.

Lo más curioso es la reacción de los socios del gobierno: Llamazares está feliz como un conejo, y amenaza al gobierno con su estratosférico soporte electoral, el muy mamón suma la abstención, el no, el voto en blanco y el voto nulo, unos amiguetes coreanos que estaban de paso y todo, bien mezcladito, lo traduce en apoyo popular a su estilizada y ratuna persona. José Luis Pérez Díez (alias Carod Rovira), con el bigotito focuno y nazi enihesto, ha amenazado a ZP con cortar su apoyo a lo que sea necesario si no le dan mas pelas, muchas más, en base al voto “diferencial” en Cataluña.

Mientras sus socios europeos –esos que nos acogieron abiertos de piernas tras librarse del bigote de Aznar, esos a los que, en palabras de ZP, él nos ha devuelto – recibirán la visita de Bush, que viene a reconciliarse con Europa, una Europa de la que nos excluye, mientras este idiota se va a quedar mirando como viene, pasa, y se va sin ni siquiera mirarnos y él con la sonrisita puesta, su manipulado éxito electoral bajo un brazo, y la maravillosa gestión de Moratinos con la Rice en un rincón, bajo el otro. Patético.

A todo esto, en el partido que nos gobierna, se ha iniciado la campaña de publicidad más potente que conocerán los tiempos, vamos a tener éxito electoral europeo, mundial, estratosférico, cósmico e interestelar hasta en la sopa.

Pero, ¡acabáramos!, se trataba de crear un astro mediático del “presi”, ni referéndum europeo ni “na de na”, aquí estamos a lo que estamos, estos solo buscan perpetuarse en el poder utilizando el libro de instrucciones del PRI, edición para principiantes, al pié de la letra.

Tienen algunos problemas de imagen, pero les voy a echar una manita, que de esto sé yo un huevo: hay que arreglar el movimiento de manos del muchacho que es de piñón fijo, hay que trabajar más con las cejas, si; ya he visto que las habéis perfilado, pero siguen siendo demasiado circunflejas, hay que evitar, como sea, que esa famosa sonrisa se transforme tan habitualmente en mueca diabólica, y sobre todo, hay que ver la forma de conseguir que, hablando, no sea tan esdrújulo, que lo es hasta en los monosílabos.

También sería bueno, que algunos ministros del gobierno, casi todos, se estuviesen quietecitos de vez en cuando, sería genial si les dieran ataques programables de narcolepsia, que le van a salir arrugas al “presi” de tanto justificar lo injustificable. Es que el santo es el santo, pero la peana, a veces, pesa demasiado.