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Lugar: Madrid, Villanueva de la cañada, Spain

8.4.05

Un hombre grande, un gran hombre




La grandeza de un personaje como el difunto Papa Juan Pablo II se ha puesto de manifiesto de forma palpable y mucho más que palpable, en los días siguientes a su muerte.

Las críticas a su forma de gobernar la Iglesia, a su actitud férrea en asuntos concernientes a la doctrina Católica e incluso a su sufrimiento antes de morir, se caen por su base y se destruyen definitivamente conforme se conocen detalles del testamento y de los entresijos de su papado largo y fértil.

Es normal que las disquisiciones con personas no afectas a la Iglesia y al Papa se inicien con la manida crítica sobre el asunto del sida y los preservativos, la abstinencia fuera del matrimonio y la actitud ante las uniones homosexuales. Nada más falaz y más manido, y, curiosamente, todo referido a asuntos de cintura para abajo… ¡Siempre pensando en lo único!... ¡estos chicos…!

Resulta insostenible culpar a Juan Pablo II de la incidencia del sida en países del tercer mundo, en África o Asia, donde el cristianismo es absolutamente minoritario. O sea, valga como ejemplo: Indonesia - uno de los países donde la enfermedad crece imparablemente - tiene un total de 188 millones y pico de habitantes, el 87,2% de ellos son islámicos, el 5,8 % protestantes, el 1,8 % hinduistas, el 1% budistas, total; estos habitantes, que suman el 96,10% de la población, no hacen ni puñetero caso a lo que diga el Papa, solo el 3,9% restante son católicos y de ellos, el porcentaje de practicantes es menor. Por tanto; si aumenta el sida en Indonesia, no será por que el Papa no sea partidario del condón, vamos digo yo.

Lo mismo se puede decir de la mayoría de los países del tercer mundo africano o asiático. Otra cosa es Ibero América, donde un país destaca por el problema del sida; Brasil y si bien es de mayoría católica, no hace falta más que analizar el número de practicantes para comprobar la influencia de la doctrina, además de ser uno los países más promiscuos del continente, pasto de las drogas, de la violencia y la anarquía. Es muy fácil desviar la atención sobre la inoperancia de las normas, de la fuerza para imponerla y de la corrupción generalizada echándole la culpa al Papa.

Del mismo modo que se sabe cómo Juan Pablo II, enfrentando su enfermedad, decide cargar con su cruz y seguir a Jesucristo hasta el final, coherente con su doctrina,presentándose como el primero a la hora de asumir el sacrificio como integrante de la doctrina de la Iglesia Católica. Se entiende que los católicos deberían aceptar los sacrificios que su doctrina les indica. Y si esa doctrina habla del celibato antes del matrimonio, será cada católico quien decida si sigue este precepto o no, pero debe saber que, de acuerdo con su doctrina, el no hacerlo está mal; allá cada cual con su "cadacuala".

El asunto de las uniones homosexuales, como no las puedo entender y no me caben en la cabeza, no voy a opinar sobre ellas, pero eso si; a los niños que los dejen en paz, solo faltaba, a los niños ni mirarlos que no, que no. A ver si vamos a tener que sacrificar la vida y el futuro de criaturas inocentes para que unos no normales jueguen a las casitas para parecerse, en lo que les divierte, a los normales. ¡Que no!

La doctrina de la Iglesia Católica dice lo que dice, y, de la misma manera que se aceptan y en muchos casos se defienden, sorprendentemente, las aberraciones contra los derechos humanos primarios practicadas por otras religiones como el Islam, el Judaísmo, y otras tantas más, esto es lo que hay en la doctrina católica, y a quien no le guste, que se baje en marcha.

Tiene, esta doctrina frente al Islam, la ventaja de no ser obligatoria; a nadie se le tiene durante horas repitiendo textos sagrados y dando cabezazos desde la más tierna infancia para comerles el coco y prepararlos para el inmediato martirio en nombre de una “Guerra Santa”, como si la guerra se pudiese santificar, y a las mujeres… bueno, ni hablar, porque lo de la ablación del clítoris tiene tela, y lo de los azotes, y lo de la lapidación… y lo del velo… Una prenda, esta religión si que es una prenda.

Pues bien, con tal de atacar a la Iglesia Católica, nuestros gobernantes han decidido que lo que hay que hacer es preparar a esos mártires y enseñar a pegar a las mujeres en nuestro propio país, y, a lo mejor con fondos públicos, y dejar que los que “han cambiado el metabolismo” se casen y adopten niños, y más y más…¡Ay, Zapatero, Zapatero…! No te veo rodeado de masas a tu muerte por mucho tiempo que pase, y deseo que así sea, de verdad; me encantaría verte envejecer tranquilo, relajado y apartado de la vorágine política… pero; ¿podrías empezar tu retiro mañana mismo, por favor?